El desarrollador David reflexiona sobre su experiencia con herramientas de inteligencia artificial y concluye que la única salida sensata es cancelar sus suscripciones. Pese a haber creado múltiples proyectos —desde generación automática de blogs hasta agentes conversacionales—, reconoce que ninguno resulta útil ni sostenible. La tecnología, afirma, actúa como un “amplificador termonuclear del TDAH”, fragmentando la atención y fomentando una actividad frenética pero vacía. David redujo su suscripción a Claude Pro, pero al migrar a Codex el uso volvió a escalar. Critica que los proveedores diseñen las herramientas para maximizar el consumo de tokens y no para el trabajo concentrado. Citando al investigador Cal Newport, vincula este fenómeno con la “pseudo-productividad”: las tareas superficiales (mensajes, reuniones, borradores) sustituyen al valor real. La eliminación de fricción que prometen estas herramientas aumenta el volumen de trabajo superficial sin mejorar los resultados. David también relata su experimento de conectar reconocimiento de voz a un pipeline que publicaba entradas de blog automáticamente; el resultado fue “basura sin compromiso”. Sostiene que la calidad exige esfuerzo y que la escritura a mano nunca pasará de moda. Ante la perspectiva de que esta dinámica se replique en todos los entornos comerciales, David considera que la única forma de gestionar la IA es restringir su uso: una herramienta que produce recompensas baratas sin inversión solo puede ser una responsabilidad.
