La cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, estaba diseñada como una demostración de respaldo a Ucrania y de compromiso europeo con su propia defensa, tras el acuerdo de 2025 en La Haya sobre aumento del gasto militar no estadounidense. La llegada de Donald Trump alteró la dinámica: renovó su demanda de anexionar Groenlandia, propuso un boicot comercial contra España, amenazó con retirar las tropas de EE. UU. de Europa y redeclaró la guerra contra Irán. A pesar de ello, la declaración final reafirmó el compromiso con el Artículo 5, calificó a Rusia como amenaza a largo plazo y destacó un incremento de 139.000 millones de dólares en gasto de defensa por parte de aliados europeos y Canadá.
El artículo de opinión sostiene que la alianza ha ocultado sus fisuras, pero que nadie confía en los compromisos de Trump. La mayor amenaza a la integridad territorial de un miembro de la OTAN ya no provendría de Rusia, sino de Estados Unidos, según el autor. La revelación de una conversación en la que Trump habría amenazado al exprimer ministro Justin Trudeau con anular el Tratado de 1908 que define la frontera con Canadá ilustra esta nueva realidad.
Ante este escenario, Canadá atraviesa la reevaluación más radical de su rumbo en al menos 40 años. El país abandona la dependencia comercial y militar que mantenía con Washington y busca diversificar mercados, fortalecer su defensa propia y reducir las barreras comerciales interprovinciales. Según la columna, Canadá está adoptando un liderazgo internacional que trasciende su peso relativo, en un orden global que se reconstruye sin la garantía estadounidense.
