Un nuevo estudio revela la importancia crucial del sistema de carreteras de peaje, conocido como 'turnpike', en la mejora de las carreteras de Inglaterra y Gales durante la Revolución Industrial, un sistema a menudo pasado por alto. Durante los siglos XVIII y XIX, los diarios de viajeros comenzaron a atribuir mejoras significativas en sus viajes a estos caminos de peaje, que permitían la recaudación de fondos para el mantenimiento y la mejora de las carreteras principales.
El estudio, basado en el análisis de casi 100 diarios entre 1660 y 1820, utilizando técnicas de mapeo, análisis textual y un sistema de puntuación para describir la calidad de las carreteras, demostró que las carreteras eran un 78% más propensas a ser consideradas 'al menos aceptables' entre 1760 y 1820 en comparación con el período anterior. Esta mejora se produjo antes de las innovaciones en el diseño y la construcción de carreteras promovidas por Telford y McAdam, desafiando la creencia previa de que la mejora significativa llegó más tarde.
Los 'turnpikes' contribuyeron significativamente a la Revolución Industrial al reducir las tarifas de transporte, fomentando el comercio interno y la especialización regional. Además, permitieron viajes más seguros, incluso de noche, lo que facilitó la circulación de personas, dinero e ideas. Los diarios de figuras como Daniel Defoe y Anne Lister, entre otros, proporcionan una visión única de la experiencia de los viajeros y la calidad de las carreteras.
El sistema 'turnpike' funcionaba mediante la creación de 'trusts' que recaudaban peajes de jinetes, vehículos de ruedas y ganado. Estos ingresos se reinvertían en el mantenimiento y la mejora de las carreteras. Aunque existían variaciones en la calidad de las carreteras, el estudio encontró que una proporción significativamente menor de las carreteras de peaje eran consideradas 'pobres' en comparación con las carreteras no peajeadas, y una mayor proporción eran consideradas 'buenas'. El sistema benefició especialmente a las regiones más desatendidas, como el suroeste, Gales y el norte de Inglaterra, donde el transporte con ruedas era prácticamente imposible antes de su implementación.
Lo más sorprendente es que los viajeros valoraban la seguridad y la comodidad por encima de la velocidad. Las mejoras básicas, como rellenar baches y reparar los surcos, eran consideradas suficientes, y no se deseaba gastar más en carreteras innecesariamente buenas. El estudio destaca la importancia de la participación comunitaria en la aceptación y el éxito del sistema de carreteras de peaje, y subraya que, antes de la era del ferrocarril, Gran Bretaña tenía la red de carreteras de peaje más extensa del mundo.
