Entre 1997 y 2006, el Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin ejecutaron el Proyecto Isabela, la mayor campaña de erradicación de ungulados invasores jamás realizada en una isla, que eliminó más de 140.000 cabras en unas 500.000 hectáreas de Santiago, Pinta y el norte de Isabela. Las cabras, introducidas en los siglos XVIII y XIX por marineros y balleneros como reserva de carne, se habían multiplicado sin depredadores naturales hasta convertirse en una plaga: solo en el volcán Alcedo se llegaron a estimar 100.000 ejemplares.
La campaña combinó tres métodos. Primero, cacería terrestre con perros y aérea desde helicóptero, que permitió abatir 55.657 cabras mientras existían grupos numerosos en terreno volcánico abierto. Cuando la densidad bajó, se desplegaron unas 700 cabras "Judas", esterilizadas y con radiocollar, y un subgrupo de hembras llamadas "Mata Hari" con implantes hormonales. Gracias a su comportamiento gregario, estos animales atraían a los machos restantes y guiaban a los cazadores hasta los ejemplares más esquivos, lo que permitió eliminar más de 4.500 cabras adicionales. El coste total superó los 10,5 millones de dólares.
Los estudios posteriores constataron la recuperación de la vegetación endémica y de poblaciones de aves, como el rascón de Galápagos, que volvió a avistarse en Floreana tras casi dos décadas sin registros. Las tortugas gigantes del volcán Alcedo pasaron de unas 6.000 a más de 15.000 individuos, una pieza clave como dispersoras de semillas. Aun así, los autores del estudio señalan que la restauración no es completa y que desde 1990 se han detectado al menos 12 reintroducciones intencionadas, algunas usadas como presión política, por lo que la monitorización debe continuar.
