Daniel, ingeniero de software, describe cómo durante sus vacaciones en el campo decidió combatir el deterioro cognitivo que asocia al uso intensivo de inteligencia artificial, el doomscrolling y la abundancia de estímulos rápidos. Para ello sustituyó pantallas pasivas por naturaleza, conversaciones familiares y lectura profunda: llevó consigo los libros SPQR de Mary Beard y De Newton a Einstein y algo más de Francisco Claro, a los que sumó relatos de F. Scott Fitzgerald y Atomic Habits de James Clear, completando cuatro obras en dos semanas.
El punto de inflexión fue el contacto con el libro de física: las demostraciones matemáticas lo animaron a profundizar en cálculo, trigonometría y álgebra, recurriendo a manuales como Calculus: Early Transcendentals de Stewart y recursos web como Paul's Notes y Active Calculus. Además, comenzó un libro de University Physics con la aspiración de llegar a leer artículos científicos avanzados.
El autor relata que la experiencia le recordó sus inicios programando como afición: aprender por el simple placer de aprender, sin un objetivo profesional inmediato. Aunque reconoce la incertidumbre sobre el futuro del trabajo en ingeniería de software y datos por el impacto de la IA, plantea como meta a largo plazo comprender física avanzada.
Como conclusión, aunque no puede medir el efecto en su capacidad cognitiva, asegura sentirse menos intelectualmente perezoso en su día a día y haber recuperado la motivación por estudiar materias que había abandonado desde la universidad.
