El antropólogo Roberto González, profesor de la Universidad Estatal de San José, analiza en un informe cómo el complejo militar-industrial de Estados Unidos se ha expandido desde el Cinturón de Washington hacia Silicon Valley, impulsado por la incorporación masiva de inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas en el armamento y los sistemas del Pentágono. Aunque la mayor parte del presupuesto de Defensa sigue destinándose a sistemas de armas convencionales, el Departamento de Defensa ha incrementado de forma sostenida la contratación de empresas tecnológicas, capital riesgo y firmas de capital privado, y ha abierto líneas de financiación a startups de defensa que adoptan el lema de "moverse rápido y romper cosas".
Según datos de la organización de investigación Tech Inquiry, entre 2018 y 2022 las tres mayores tecnológicas del mundo —Microsoft, Amazon y Alphabet (matriz de Google)— recibieron en conjunto alrededor de 28.000 millones de dólares en contratos federales: 13.500 millones para Microsoft, 10.200 millones para Amazon y 4.300 millones para Alphabet. Un estudio paralelo cifra los techos contractuales de los cinco mayores contratos adjudicados a grandes firmas tecnológicas entre 2019 y 2022 en al menos 53.000 millones de dólares. A ello se suma la inyección de capital riesgo en startups de defensa: entre 2021 y 2023 se invirtieron casi 100.000 millones de dólares, un 40 % más que en los siete años anteriores sumados. El informe advierte de la opacidad derivada del carácter clasificado de buena parte de estos contratos y de los riesgos de desarrollar productos de defensa costosos, impredecibles e inseguros con dinero público.
