Cómo encontrábamos trabajo antes: un anuncio en el periódico

Fuentes: How We Used To Get Jobs

Cómo encontrábamos trabajo antes: el ocaso de los anuncios por palabras en el periódico

Durante décadas, el camino para encontrar un empleo pasó por una sección muy concreta de la prensa escrita: los anuncios clasificados. Una experiencia personal del fotógrafo estadounidense David, reconstruida en el blog Ironic Sans, ilustra a la perfección cómo funcionaba ese ecosistema laboral analógico que hoy pertenece casi por completo al pasado.

David recuerda con orgullo que en el año 2000, cuando apenas llevaba un par de años instalado en Nueva York, logró hacerse con un puesto de fotógrafo interno en Polo Ralph Lauren, después de haber trabajado en la casa de subastas Christie's. Aquella oferta, según lo que él mismo llevaba años contando, la había localizado en los anuncios por palabras del New York Times. Sin embargo, como reconoce en su relato, los recuerdos van cambiando con el tiempo, y quiso comprobar si aquella historia era real o si el paso de los años la había transformado en una versión edulcorada.

Gracias a dos aficiones muy concretas, pudo verificarlo. La primera es su condición de suscriptor del periódico, lo que le da acceso a Times Machine, el archivo digitalizado de 150 años de historietas del rotativo neoyorquino. La segunda es su perfil de acumulador digital: conserva absolutamente todos los correos electrónicos que ha enviado o recibido desde 1997, ha escaneado sus cuadernos y apuntes del colegio y la universidad, e incluso ha digitalizado los papeles de su infancia que sus padres guardaban en cajas. A partir de su carta de presentación para el puesto, reconstruyó una fecha aproximada y se lanzó a buscar en el archivo.

Su hipótesis era que la oferta habría aparecido en la edición dominical, que era cuando solía comprar el periódico. Tras revisar la sección de empleo y pasar las ofertas de la letra P, se topó con su propia historia. El 16 de enero de 2000, el New York Times publicó un anuncio que rezaba: "FOTÓGRAFO. Empresa líder en moda busca fotógrafo interno. Los temas incluyen interiores de showroom, escaparates y producto. Se requiere dominio de cámara 4x5. Volumen alto. Beneficios completos. Enviar currículum por fax a CWP 212-[número de teléfono]". Las iniciales CWP correspondían a la mujer que terminaría siendo su jefa. La oferta estaba ahí, exactamente donde la memoria decía.

Pero la investigación dejó dos detalles turbadores. David recuerda haber buscado el número de fax y haber descubierto que correspondía a Polo Ralph Lauren, lo que le dio ventaja frente a otros candidatos al saber a qué marca se enfrentaba. Sin embargo, duda de que en 2000 Google ya pudiera indexar un número de fax y asociarlo con una empresa. El otro recuerdo es todavía más extraño: asegura que la mujer que sería su jefa le dejó un mensaje en el contestador automático diciendo algo así como "acabo de revisar un montón de currículums y me gustaría que vinieras a una entrevista". Una frase que, según reconoce, no encaja con la personalidad de quien terminó siendo su superior, aunque la memoria la retenga con tanta viveza. Lamentablemente, no conservaba digitalizadas las cintas de su viejo contestador para confirmarlo.

El episodio, liviano en apariencia, sirve como espejo de una transformación mucho más profunda en la búsqueda de empleo. Plataformas como LinkedIn, Indeed, InfoJobs o plataformas especializadas en cada sector han absorbido la función que durante más de un siglo cumplieron los anuncios por palabras. La inmediatez, la posibilidad de aplicar con un clic y los algoritmos de emparejamiento dejaron obsoleta la rutina de hojear el periódico del domingo, marcar números de fax y esperar respuestas en cintas de casete. Al mismo tiempo, muchos lectores y profesionales comparten anécdotas similares en redes sociales, lo que ha llevado a algunos, como el propio David, a replantearse si debería publicar este tipo de recuerdos en LinkedIn, medio para el que no se siente especialmente inclinado.

En definitiva, la historia del fotógrafo Plaza de Polo no es solo una curiosidad personal. Es el retrato de un antes y un después: el momento en que un currículum enviado por fax a un número publicado en papel podía cambiar la trayectoria profesional de alguien, y el momento presente, en el que la intermediación la ejercen gigantes digitales con bases de datos globales. La nostalgia existe, pero la eficiencia, quizá, también.