Brañosera, un municipio de la comarca de la Montaña Palentina con unos 250 habitantes, está considerado el primer pueblo documentado de España. La razón se remonta al año 824, cuando el conde Munio Núñez y la condesa Argilo firmaron la carta puebla más antigua conservada en el país. Mediante este documento, los vecinos recibieron el derecho a organizarse de forma autónoma mediante un concejo, lo que dio origen al Fuero de Brañosera y, con él, al primer ayuntamiento de la historia española.
La carta puebla concedía privilegios destinados a favorecer la repoblación de la zona: autorizaba a los nuevos pobladores a establecerse de forma permanente, les otorgaba el uso exclusivo de los pastos del término municipal y el derecho a cobrar el montazgo, una tasa que abonaban quienes llevaban ganado desde fuera. A cambio, los vecinos quedaron eximidos de ciertos servicios militares, como la vigilancia de fortalezas y puestos fronterizos, aunque debían tributar al conde.
Tras Brañosera llegarían otras cartas pueblas como la de Freixá en 954 o la de Cardona en 986, concedida por Borrell II. El modelo marcó un antes y un después en la articulación jurídica de los municipios en la Península.
Hoy, Brañosera conserva su arquitectura tradicional de casas de piedra y atesora dos iglesias románicas, la de Santa Eulalia y la de San Miguel. Su entorno, en la vertiente sur de la sierra de Híjar y próximo a Cantabria, está cubierto por bosques de hayas, robles, acebo y tejo.
