El consejero delegado de Blue Origin, Dave Limp, reconoció este martes que la compañía aún trabaja para «identificar y corregir la causa raíz» de la explosión que destruyó su cohete New Glenn el 28 de mayo durante unas pruebas en Cabo Cañaveral, Florida. El análisis preliminar apunta a la sección trasera de la primera etapa del vehículo, donde la empresa concentra la revisión de datos de múltiples cámaras y sensores.
Blue Origin pretende retomar los vuelos del New Glenn lo antes posible, ya que el cohete es pieza clave en el programa Artemis de la NASA para devolver astronautas a la Luna antes de que concluya el mandato del presidente Donald Trump. La compañía no solo debe esclarecer el fallo, sino también reconstruir la rampa de lanzamiento —su única plataforma capaz de soportar el cohete—, donde la explosión derribó una torre contra rayos y el equipo que trasladaba y erguía el vehículo (transporter-erector), además de dañar edificios cercanos.
Limp explicó que Blue Origin sustituirá el transporter-erector por una grúa de gran tamaño para colocar el New Glenn en posición vertical, una medida que, según la empresa, acelerará la vuelta al vuelo y aumentará la cadencia de lanzamientos. Antes del accidente, la compañía había previsto realizar hasta 12 misiones en 2026, tras un primer vuelo en enero de 2025.
