La invención de los autobuses representa un caso fascinante de innovación tecnológica que pareció obvia solo después de que ocurrió. Aunque las ruedas existían desde hacia 5.000 años, nadie había pensado en crear un servicio regular de transporte público hasta el siglo XVII. El primer autobús fue idea del matemático Blaise Pascal, quien en 1662 fundó en París los "carrosses à cinq sols": carruajes con rutas fijas dentro de la ciudad, tarifas fijas y puntos definidos de ascenso y descenso. Sin embargo, el Parlement de París prohibió a trabajadores y artesanos usar el servicio, forzando a la compañía a cerrar en 1677. Pasaron 150 años antes de que el concepto resurgiera. En 1826, Stanislas Baudry, un dueño de baños públicos en Nantes, creó un servicio de transporte para atraer clientes. Al notar que mucha gente usaba el servicio para transportarse entre puntos de la ciudad, decidió fundar una auténtica empresa de autobuses. El 30 de septiembre de 1826 comenzaron sus primeras rutas, generando ganancias de 8.200 francos en solo cuatro meses. Para 1829, su sistema ya operaba en París con 200 conductores y 800 caballos. La innovación se expandió rápidamente: en 1829 llegó a Londres y Nueva York, en 1831 a Filadelfia, y en 1835 a Boston. En 1850, Londres tenía unos 800 autobuses. La evolución tecnológica continuó con tranvías de caballo (1870s), tranvías eléctricos (1890s) y autobuses de motor (1900s). Este caso ilustra una verdad fundamental: las ideas que parecen obvias después de inventadas no lo eran en absoluto antes.
Blaise Pascal creó el primer autobús hace más de 350 años
