Investigadores de la Universidad Metropolitana de Osaka probaron un biocombustible elaborado a partir de aceite de coco en un pequeño motor a reacción comercial capaz de alcanzar 130.000 revoluciones por minuto. Los resultados, publicados en la revista Fuel, muestran que las mezclas de este biocombustible con queroseno convencional ofrecen una eficiencia térmica comparable a la del queroseno puro, al tiempo que reducen las emisiones de hidrocarburos no quemados hasta un 40% en las proporciones más altas de biocombustible.
El combustible se obtiene mediante un método con codisolvente que combina acetona, alcohol y aceite de coco a temperaturas bajas, lo que rebaja el gasto energético de la producción y alcanza purezas superiores al 97%. Los investigadores aprovecharon los restos no comestibles del coco, que representan cerca del 30% de la fruta y normalmente se desechan. El proceso también genera biodiesel y glicerina de calidad como subproductos.
Las pruebas se realizaron con mezclas al 10%, 30% y 50% de biocombustible producido con metanol o con etanol. A 80.000 revoluciones por minuto, la mezcla al 50% con metanol consumió un 16,8% más de combustible que el queroseno puro, y la versión con etanol, un 19,6% más, debido a la menor densidad energética del biocombustible. La eficiencia térmica y el empuje, en cambio, se mantuvieron similares a los del queroseno.
En las emisiones, las concentraciones de CO2 se equipararon a las del queroseno en todas las mezclas, mientras que las de monóxido de carbono subieron entre un 3% y un 17% en la mezcla al 50%, por la mayor dificultad de ignición del biocombustible. La mezcla al 30% con metanol redujo los óxidos nítricos entre un 20% y un 30% respecto al queroseno. Los autores apuntan a la ausencia de compuestos aromáticos en el biocombustible para explicar la caída de hidrocarburos no quemados.
Quedan retos prácticos: el combustible absorbe humedad, se oxida con el tiempo y produce corrosión leve en metales —el acero inoxidable mostró óxido tras una o dos semanas de exposición a la variante con metanol—. Los investigadores proponen probar antioxidantes y envases más herméticos en estudios futuros.
