Una batería enchufable es un dispositivo portátil de almacenamiento eléctrico que se conecta directamente a un enchufe doméstico estándar, sin necesidad de obras ni instalador certificado. Se carga durante las horas valle de una tarifa con discriminación horaria y se descarga cuando la electricidad es más cara, reduciendo la factura. Frente a los sistemas domésticos convencionales, cuyo montaje profesional puede costar entre 1.000 y 1.500 libras, las versiones enchufables abaratan el acceso al eliminar ese coste fijo.
Según un análisis de la organización Regen, un hogar con alta demanda energética que instale una unidad enchufable de 3 kWh con la tarifa Octopus Go podría amortizarla en unos 2,5 años y ahorrar hasta 2.400 libras en una década. Los hogares con mayor capacidad para desplazar consumos a horas valle podrían reducir su gasto total entre un 30 % y un 34 % en diez años.
El modelo beneficiaría sobre todo a los 9 millones de hogares alquilados y a los cerca de 6 millones de viviendas en pisos del Reino Unido, a los que se suman los 11,4 millones de hogares en el 40 % de ingresos más bajos. En conjunto, unos 12 a 14 millones de hogares, cerca de la mitad del país, quedarían incluidos en la transición energética. Además, una adopción rápida podría aportar hasta 4 GWh de almacenamiento y casi un gigavatio de potencia de descarga para 2030.
El Gobierno británico ya prepara una normativa para permitir los paneles solares enchufables, pero todavía no ha anunciado cambios equivalentes para las baterías enchufables. La normativa actual de cableado (BS 7671) no permite la descarga hacia la red doméstica, por lo que el regulador y el Ejecutivo tendrán que actualizar las reglas antes de que estos dispositivos puedan comercializarse en Gran Bretaña.
