La Guardia Civil ha detenido a decenas de personas en los últimos meses por el robo organizado de cobre en plantas fotovoltaicas de España, un problema creciente que amenaza la expansión de la energía solar. Solo en 2025, un grupo criminal desarticulado había sustraído cerca de 45 kilómetros de cable en 12 instalaciones. Este año, las operaciones se han intensificado: en Toledo y Albacete se intervinieron 85.000 kilos de cobre valorados, junto con los daños, en más de 900.000 euros; en Sevilla se recuperaron dos toneladas de cobre y 250 kilos de cable solar estañado; y en Ávila, La Rioja y Córdoba fueron arrestadas 39 personas tras robar 134 kilómetros de cable, 157 toneladas, por valor superior al millón de euros, con conexiones internacionales en Francia, Portugal y Rumanía.
El cobre es el tercer metal más utilizado por el ser humano por su maleabilidad, ductilidad y conductividad eléctrica, y puede reciclarse sin perder propiedades, lo que lo hace especialmente atractivo para el mercado negro. Los robos de cobre en España se han multiplicado por cuatro desde 2021 y Madrid, Andalucía y Castilla-La Mancha concentran la mitad de las sustracciones. Su precio ha superado los 14.000 dólares por tonelada y acumula una revalorización del 16% en 2026. Para frenar los saqueos, las instalaciones refuerzan la vigilancia con cámaras térmicas y sistemas inteligentes de detección de intrusiones.
