La localidad de Talant, junto a Dijon, ha instalado muros de piedra y bolardos de hormigón de 1,5 toneladas en los accesos al estadio Pascal Gien para impedir la entrada de caravanas, después de que unas 100 procedentes de Loiret ocuparan durante tres semanas sus dos campos deportivos con un campamento de unas 500 personas. El episodio dejó al municipio cerca de 20.000 euros en costes entre suministros y barreras. El caso se repite en otros municipios franceses: Viry, cerca de la frontera suiza, vio llegar unas 30 caravanas en marzo; Vourles registró alrededor de 120 en junio; y Tarnos sufrió la ocupación de 150 caravanas en el parque de Castillon el 2 de agosto. Solo en el departamento de Landes se habían dictado 23 órdenes de abandono en lo que va de año, frente a 13 en los dos años anteriores juntos, y cuatro desalojos requirieron intervención policial desde el inicio del verano. La presión aumenta porque algunas áreas específicas de acogida están saturadas o inutilizadas, como ocurrió en Dijon, donde el área de Chevigny-Saint-Sauveur estaba fuera de servicio. Los ayuntamientos compiten por colocar barreras cada vez más pesadas, pero en Viry y Vourles los convoyes lograron arrastrarlas y despejar los accesos. Francia lleva décadas intentando ordenar estos desplazamientos mediante áreas designadas, aunque cuando fallan, la presión se desplaza a otros terrenos.
