Australia ha vetado la venta de Halloween: The Game, el próximo título multijugador del estudio estadounidense Illfonic inspirado en el asesino Michael Myers, no por sus brutales mecánicas de violencia sino por una característica concreta: los jugadores pueden fumar marihuana para localizar al enemigo y evitar ser eliminados. La Junta de Clasificación australiana rechazó la clasificación del título porque el consumo de sustancias ilícitas ofrece una ventaja competitiva, lo que vulnera las Directrices de Clasificación de Juegos de Ordenador de 2023. Tras la decisión, las redes sociales de Illfonic se inundaron de quejas de usuarios australianos y la Junta recibió más de 500 reclamaciones.
El caso ha reavivado el debate sobre el trato diferencial que el sistema australiano dispensa a los videojuegos respecto al cine y la televisión. Expertos como Dan Golding, de la Universidad de Monash, recuerdan que la normativa parte de dos supuestos discutidos: que interactuar en un juego resulta más Impactante que ver una película y que los videojuegos son un medio principalmente infantil. Ron Curry, director de la IGEA, logró en 2013 la introducción de la categoría R18+ para videojuegos, pero advierte de que el marco sigue tratando los juegos como más peligrosos que otros medios.
Margaret Anderson, ex directora de la Junta, critica que la clasificación en Australia siga pensando en adultos como si fueran menores. Marcus Carter, de la Universidad de Sydney, demostró en un estudio reciente que los mismos juegos móviles obtienen hasta cuatro clasificaciones por edad distintas en distintas tiendas. El Gobierno australiano está revisando el sistema y sopesa eliminar el trato más severo a la interactividad de los videojuegos. Illfonic no ha anunciado si censurará el juego para Australia, y la expectación recae ahora sobre cómo se clasificará Grand Theft Auto VI.
