Audi ha presentado oficialmente el Q9 2027, su nuevo buque insignia en formato SUV de tamaño completo, un modelo diseñado específicamente para el mercado estadounidense y que llega para llenar el vacío dejado por el A8, cuya sustitución no tiene planes concretos. El anuncio marca un punto de inflexión estratégico para la marca alemana, que busca recuperar terreno en un contexto global especialmente complicado.
El nuevo Q9 mide 5,31 metros de largo, 2,01 metros de ancho y 1,81 metros de alto, con una distancia entre ejes de 3,14 metros, 14 centímetros más que el Q7. Según Ars Technica, aunque sus dimensiones son imponentes, en persona resulta menos aparatoso que rivales como el Mercedes-Benz GLS o el BMW X7, gracias a unas líneas más curvas y menos angulosas que en modelos anteriores de la marca. Estará disponible con seis o siete plazas, un maletero de 700 litros con dos filas desplegadas y un motor V6 turbodiésel de 3.0 litros con tecnología microhíbrida que rinde 299 caballos, homologando un consumo WLTP de 7,4 l/100 km y etiqueta ECO. Existirá también una variante SQ9 equipada con el V8 biturbo de los RS6 y RS7, con tracción trasera predominante en conducción diaria, pasos de rueda ensanchados y una parrilla iluminada diferenciada.
Ambos modelos están construidos sobre la plataforma PPC (Premium Platform Combustion) del Grupo Volkswagen, la misma arquitectura que ya utilizan el nuevo Q7, el A5 y el Q5. El equipamiento tecnológico incluye un sistema basado en Android Automotive, luces matriciales con tecnología láser, sonido Bang & Olufsen con 22 altavoces y una triple pantalla de 11,9, 14,5 y 12,3 pulgadas para conductor, sistema central y pasajero, respectivamente. El control de crucero adaptativo permite conducción sin manos en Alemania, Estados Unidos y Canadá. El precio de partida en Europa se sitúa en 126.000 euros y ya está disponible.
El lanzamiento llega en un momento de profunda reconfiguración para Audi y para la industria del automóvil en general. Xataka recuerda que en 2021 la marca anunció el abandono del desarrollo de nuevos motores de gasolina y diésel ante la dureza prevista de la normativa Euro 7 y el auge del coche eléctrico. Sin embargo, el escenario cambió radicalmente: la electrificación en Europa se ha retrasado más de lo previsto y China, antaño mercado clave para las marcas occidentales, ha virado hacia fabricantes locales con propuestas más competitivas en precio y tecnología. Audi, según el medio español, ha quedado atrapado en tierra de nadie.
A esta situación se suma el fracaso relativo de las plataformas eléctricas del grupo. La arquitectura PPE, desarrollada únicamente para el Audi Q6 e-tron y el Porsche Macan, generó retrasos en cascada por los problemas de Cariad, la filial de software del grupo. Mientras tanto, BMW acertó al mantener viva la oferta de combustión mientras desarrollaba su nueva generación eléctrica, y Mercedes ha tenido que dar marcha atrás en su estrategia tras el tibio resultado de la familia EQ.
El Q9 representa, por tanto, una declaración de intenciones: Audi vuelve a confiar en el motor de combustión para su modelo más exclusivo, en un segmento donde el cliente estadounidense demanda tamaño, presencia y potencia. El SUV se posiciona frente al Cadillac Escalade, auténtico referente del mercado full-size en EE. UU., aunque queda ligeramente por debajo en dimensiones. Con este movimiento, la firma de Ingolstadt reconoce implícitamente que el futuro eléctrico no avanza al ritmo previsto y que el presente sigue perteneciendo, para una parte significativa del mercado, al coche de combustión.
