Atomarine es una iniciativa que plantea construir centros de datos de alto rendimiento sobre plataformas flotantes en alta mar, con generación eléctrica integrada y refrigeración por agua de mar. La propuesta parte de tres limitaciones que la infraestructura terrestre, según la compañía, no resuelve con la rapidez que demanda la expansión de la inteligencia artificial: los plazos de conexión a la red eléctrica —entre cuatro y siete años— frente a la llegada de nuevos chips en cuestión de meses; el déficit previsto de potencia firme, estimado entre 35 y 49 gigas para 2030; y el peso de los costes de refrigeración y agua, además del bloqueo de miles de millones en un único emplazamiento elegido por colas y normativa urbanística.
El concepto se apoya en unidades estandarizadas fabricadas en astilleros, remolcadas al lugar y fondeadas una junto a otra, lo que permite escalar desde la primera barcaza hasta 450 megavatios sin necesidad de obra civil. La primera fase contemplada es de seis plataformas de 75 megavatios cada una. Cada campus recibe energía de una nave atracada junto a él, pensada primero para gas natural y, más adelante, para reactores marinos compactos que permitirían pasar a una fuente nuclear sin tocar las salas de datos. El sistema emplea un circuito cerrado de agua de mar, sin torres de refrigeración, con un PUE modelado en torno a 1,1.
Atomarine indica que la energía y la ubicación pueden cambiarse sin afectar a los equipos y busca aliados entre operadores de IA, desarrolladores, astilleros, socios energéticos e inversores para llevar la plataforma del diseño al despliegue.
