Una serie de ataques con misiles israelíes contra depósitos de petróleo en Teherán el domingo provocaron una crisis de salud pública y un sentimiento de desesperación entre los residentes. Los ataques, que impactaron cuatro depósitos de petróleo y un sitio logístico, dejaron seis muertos y veinte heridos en un solo lugar. La ciudad, con una población de 10 millones de habitantes, se vio envuelta en una densa nube de humo tóxico, obligando a los residentes a permanecer en interiores y a usar máscaras debido a la amenaza de lluvia ácida y problemas respiratorios. Testimonios de ciudadanos como Negin, una activista, describen una situación “apocalíptica” con escasez de suministros básicos, precios disparados y una sensación de abandono por parte del gobierno. Mehnaz, otra residente, huyó de la ciudad tras presenciar las explosiones, destacando la incertidumbre y el miedo generalizados. La situación ha generado una profunda preocupación por la salud pública y el futuro de la ciudad, con advertencias sobre posibles efectos a largo plazo en la salud y el medio ambiente, así como una creciente frustración entre la población por la falta de apoyo y la ausencia de soluciones.
