Los diamantes son formaciones cristalinas que se crean en las profundidades de la Tierra, a unos 160 kilómetros bajo la corteza. En estas zonas profundamente enterradas, la presión equivalente a 10.000 elefantes y temperaturas similares a las del lava fundido transforman rocas carboníferas en diamantes mediante un proceso natural que data de entre 1.000 y 3.500 millones de años. Las rocas kimberlite, cargadas de diamantes, ascienden a la superficie mediante erupciones magmáticas formando estructuras tubulares conocidas como pipes de kimberlite. Sorprendentemente, solo uno de cada 200 pipes contiene diamantes de calidad gema, lo que hace que la minería diamantífera sea una actividad de alto riesgo y precisión. La exploración se realiza mediante encuestas magnéticas (detectando magnetita), tecnología LiDAR y análisis geoquímico para localizar estas estructuras ocultas. Una vez extraído el mineral, los diamantes se limpian sumergiéndolos en ácido sulfúrico hirviendo, ya que el diamante es el material más resistente conocido. El 80% del comercio mundial de diamantes en bruto se realiza en Amberes, Bélgica, mientras que el 91% del pulido se concentra en Surat, India, donde más de 5.000 fábricas especializadas transforman los diamantes en bruto en piedras refinadas mediante un meticuloso proceso de corte y pulido. Los diamantes terminados son analizados por laboratorios gemológicos independientes que evalúan las cuatro características fundamentales conocidas como las 4C: corte, color, claridad y quilates. Cada diamante recibe un número único grabado con láser en su corona, perceptible solo con microscopio, que certifica su autenticidad. El comercio final se realiza contra la lista de precios Rapaport, un estándar de la industria.
Así se forman los diamantes en las profundidades de la Tierra
Fuentes:
How Diamonds are Made?
