Este artículo explora una observación curiosa y sutil sobre el poder y el privilegio: la relajación de las normas gramaticales y de comunicación a medida que se asciende en la jerarquía profesional. El autor relata experiencias personales en las que, al inicio de su carrera, se esforzaba enormemente para redactar correos electrónicos impecables, buscando proyectar profesionalismo y madurez. Sin embargo, sus superiores respondían con mensajes breves, informales, plagados de errores gramaticales y abreviaturas, a menudo enviados desde dispositivos móviles. Esta discrepancia le llevó a reflexionar sobre la dinámica del poder y cómo este afecta la necesidad de aparentar.
La publicación de documentos relacionados con Jeffrey Epstein y Elon Musk, Bill Gates y Richard Branson sirvió como catalizador para esta reflexión. La calidad gramatical deficiente en los correos electrónicos de estas figuras de alto poder sorprendió al autor, recordándole sus propias experiencias laborales. El punto clave es que, una vez alcanzado un cierto nivel de influencia y autoridad, la necesidad de esforzarse en la comunicación formal parece diluirse. La corrección gramatical y la formalidad se perciben como herramientas para proyectar una imagen de poder, pero si ya se posee ese poder, la necesidad de aparentarlo desaparece.
El autor establece una analogía con la filtración de correos electrónicos de Sony Pictures en 2014, donde la informalidad y la falta de profesionalismo en la comunicación interna de los ejecutivos contrastaban con los estándares que se exigirían a los empleados de menor rango. Introduce el concepto de “privilegio gramatical”, una forma inusual de privilegio que permite a las personas con poder descuidar las normas de comunicación sin consecuencias negativas. No se trata de un privilegio económico o social directo, sino de la libertad de no tener que cumplir con las expectativas de profesionalismo que se imponen a quienes buscan ascender en la escala jerárquica. En esencia, el artículo sugiere que el poder otorga una licencia para la informalidad, incluso en la comunicación escrita, una consecuencia inesperada pero reveladora de la dinámica del poder en el mundo profesional.
