El filósofo navarro Aurelio Arteta, catedrático de la Universidad del País Vasco, sostiene que la afirmación "todas las opiniones son respetables" es un tópico que vacía de contenido el debate público. Si toda idea valiera lo mismo, argumenta, nadie tendría que defender la propia ni cuestionar la ajena, y al final ninguna valdría nada: lo único que contaría sería el derecho a emitir opiniones sin réplica. Frente a esa interpretación, Arteta reivindica un respeto crítico: "respetar opiniones significa enfrentarlas entre sí, no yuxtaponerlas y preservarlas de su choque", porque quien merece respeto es la persona, y con harta frecuencia a pesar de sus opiniones. Estos argumentos, publicados originalmente con motivo del ensayo 'Tantos tontos tópicos', reaparecen ahora al hilo de la necesidad humana de certezas rápidas. Esa tendencia a fijar creencias sin revisión responde, según el psicólogo Arie Kruglanski, a la necesidad del cierre cognitivo: la incertidumbre nos incomoda y por eso nos aferramos a frases hechas que, además, funcionan como pegamento social y nos integran en el grupo. El filósofo José Antonio Marina coincide en que la libertad de expresión protege a las personas, no el contenido de sus ideas, y que una opinión debe legitimarse en su campo: si alguien afirma que la Tierra es plana, no se le encarcela, pero tampoco se le concede una cátedra de Geografía.
