La misión Artemis II de la NASA, con cuatro astronautas a bordo, orbitará la Luna como antesala de un alunizaje tripulado y de una futura base lunar. El programa Artemis, en el que participan miles de personas y con un coste estimado de 93.000 millones de dólares hasta la fecha, persigue objetivos que van mucho más allá de repetir lo logrado por las misiones Apolo entre 1969 y 1972.
Recursos minerales y agua son los grandes incentivos. La científica planetaria Sara Russell, del Museo de Historia Natural de Londres, explica que la Luna concentra elementos de tierras raras, hierro, titanio y helio, además de agua atrapada en minerales y, sobre todo, en los cráteres polares en sombra permanente. El agua permite beber, obtener oxígeno para respirar e hidrógeno como combustible, clave para sostener presencia humana.
La competencia con China, que prevé llevar astronautas a la Luna antes de 2030, añade urgencia geopolítica. Aunque el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe la soberanía nacional sobre el satélite,专家指出 que operar una zona sin interferencia equivale en la práctica a ocuparla de forma duradera.
La Luna es además un banco de pruebas para Marte. Libby Jackson, jefa de espacio del Museo de Ciencias, sostiene que ensayar hábitats, sistemas de soporte vital y protección contra la radiación en el satélite reduce costes y riesgos. Científicos como Russell esperan nuevas muestras: las rocas de Apolo revelaron el origen del satélite y conservan un registro de 4.500 millones de años de la Tierra sin erosión tectónica ni atmosférica. La NASA confía además en que Artemis impulse vocaciones científicas y una economía espacial con retornos tecnológicos en la Tierra.
