La misión Artemis II, que llevará una tripulación alrededor de la Luna a finales de este año, se apoya en un sistema informático radicalmente diferente al utilizado en la era de Apolo. Mientras que el ordenador de guía de Apolo tenía un procesador de 1 MHz y una memoria limitada, el sistema de la cápsula Orion gestiona casi todas las funciones críticas para la seguridad, desde el soporte vital hasta las comunicaciones. Para garantizar la fiabilidad a 250.000 millas de la Tierra, donde una avería es irrecuperable, la arquitectura se basa en una redundancia extrema: ocho CPUs operan en paralelo, con cada procesador compuesto por un par de procesadores auto-verificantes que detectan y silencian errores causados por la radiación espacial. Además, se utiliza una arquitectura determinista con una red Ethernet de tiempo-activado y un sistema de software de respaldo completamente independiente (BFS) que opera en hardware y software diferentes para mitigar fallos en modo común. Este enfoque, que incluye redundancia triple en la memoria y múltiples planos de red, representa un avance significativo en la ingeniería informática espacial, abordando los desafíos de la complejidad del software y el entorno de radiación hostil.
