Un problema de apuestas renacentista, conocido como el “problema de puntos”, originó la teoría de la probabilidad moderna. En 1494, Luca Pacioli propuso una solución basada en la proporción de puntos, pero fue criticada por ser injusta en situaciones extremas. Posteriormente, Niccolò Tartaglia sugirió un método alternativo que también presentaba fallos. La verdadera resolución llegó en el siglo XVII gracias a la correspondencia entre Blaise Pascal y Pierre de Fermat, quienes, a través de enfoques distintos, descubrieron la forma más justa de dividir las apuestas interrumpidas. Fermat propuso analizar todas las posibles continuaciones del juego, mientras que Pascal introdujo el concepto de valor esperado, un pilar fundamental de la teoría de la probabilidad. Su trabajo sentó las bases para evaluaciones de riesgo y decisiones financieras que utilizamos hoy en día, desde la compra de acciones hasta la contratación de seguros.
