La energía geotérmica se obtiene del calor interno de la Tierra, generado por la formación planetaria y la desintegración radiactiva, con temperaturas que aumentan con la profundidad. Esta fuente de energía, derivada de gradientes térmicos significativos, especialmente en zonas tectónicas como el Anillo de Fuego, permite generar electricidad mediante turbinas de vapor o calentar edificios mediante bombas de calor. La investigación científica y la ingeniería emplean modelos matemáticos avanzados para optimizar estos procesos. Los modelos de flujo Lagrangiano-Euleriano analizan el movimiento de fluidos en reservorios geotérmicos, mientras que los modelos estocásticos y geométricos ayudan a mejorar la extracción de energía. Además, se desarrollan sistemas de bombas de calor geotérmicas para climatización, aunque su uso a gran escala puede generar preocupaciones geológicas, como el hundimiento del suelo, como se observó en Venecia. La generación eléctrica geotérmica, que requiere temperaturas mínimas de 95 °C para funcionar directamente, ha crecido en importancia debido a la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque la adopción ha sido lenta por los altos costos iniciales y la limitación de sitios de alta calidad, el interés renovado en esta tecnología responde a la búsqueda de fuentes de energía fiables y de bajo impacto ambiental frente al cambio climático global.
