Anna Connelly, una joven de 19 años residente en Filadelfia, patentó en 1887 un sistema de escaleras exteriores para la evacuación en caso de incendio, una innovación que resolvió un problema crítico en las ciudades industriales de finales del siglo XIX. Su diseño consistía en una pasarela rodeada por una barandilla que conectaba azoteas de edificios contiguos, y sirvió como base para las plataformas metálicas unidas por escaleras que todavía se ven en fachadas de construcciones antiguas.
El invento surgió en un contexto de urbanización acelerada en Estados Unidos entre 1870 y 1920, cuando edificios de madera con lámparas de queroseno y estufas de carbón sufrían incendios frecuentes. Hasta entonces, la evacuación dependía de cuerdas y escaleras portátiles que se enredaban o no soportaban el peso de varias personas, además de sistemas con poleas y cestas que se atascaban bajo presión. La solución fija de Connelly aportó una vía fiable accesible desde el exterior, capaz de funcionar incluso cuando el interior del edificio quedaba inutilizado por el fuego.
Tras la concesión de la patente, propietarios y reguladores empezaron a exigir más de una salida de emergencia, y muchos inmuebles incorporaron estas estructuras metálicas como vía adicional. Aunque algunos informes de la época relatan evacuaciones exitosas, también registran fallos por falta de mantenimiento. El censo de 1920 sitúa a Connelly trabajando en una fábrica textil y viviendo como inquilina en Filadelfia, hija de padres de origen inglés, con pocos datos conocidos sobre su infancia.
