Ajey Gore, veterano del sector tecnológico, describe cómo la irrupción de los agentes de IA está reconfigurando la estructura de las empresas de software. Parte de una observación directa: en la mayor parte de las organizaciones, la capa intermedia —la que traduce la estrategia en tickets, código, despliegues y notas de versión— era más grande de lo necesario. El autor sostiene que la IA no ha venido a sustituir un puesto, sino un tipo de tarea: la traducción entre formatos bien definidos (lenguaje natural a SQL, requisito a pull request, especificación a componente, correo a incidencia).
El artículo sostiene que los dos extremos del proceso no se han abaratado. Decidir el porqué —la apuesta estratégica, el motivo de existir— resulta ahora más difícil porque ejecutar una mala idea es casi gratis. Decidir el qué —el recorte de funcionalidades, la disciplina del producto— exige más criterio en un entorno de abundancia de opciones. La capa intermedia, donde reside la mayor parte de la plantilla, es la que se ha comprimido.
Gore identifica dos patrones en los mandos intermedios: quienes defienden los rituales para preservar la visibilidad del rol, y quienes han vuelto a escribir, diseñar y definir. Propugna que todo manager debe contribuir al porqué, al qué o al sistema de confianza que sostiene el cómo. La nueva organización se compondría de un grupo pequeño definiendo el porqué, otro mayor definiendo el qué con criterio y gusto, un núcleo reducido de ingenieros haciendo el trabajo más difícil —arquitectura, sistemas de confianza, evaluación de agentes— y los agentes asumiendo la conversión rutinaria. El significado de "manos a la obra" se amplía: diseñar el arnés que guía a los agentes también es trabajo directo.
