El gasto masivo en infraestructura de inteligencia artificial que gigantes tecnológicos como Microsoft, Google y Amazon están anunciando trimestre tras trimestre no responde a una demanda diversa y generalizada, sino que en realidad está financiando a apenas dos clientes: OpenAI y Anthropic, ambas empresas profundamente deficitarias y dependientes de inyecciones constantes de capital. Así lo advirtió Ed Zitron, director ejecutivo de EZ Primary Research, en una entrevista con Bloomberg Podcasts tras los últimos reportes financieros de las grandes tecnológicas.
Zitron, una de las voces más escépticas del sector, citó estimaciones de UBS según las cuales el 27% de los ingresos de Google Cloud este año procederán de OpenAI y Anthropic, una cifra que ascendería a más del 48% en 2026, equivalente a unos 124.000 millones de dólares. En el caso de Microsoft, Barclays estima que el 13% de todos sus ingresos este año dependerán de OpenAI, proporción que subiría al 18% el próximo ejercicio. "Todos están comprando estas acciones porque creen que el CapEx se dirige a una demanda de IA diversa y repartida, cuando en realidad lo que está haciendo es crear infraestructura para dos empresas no rentables e insostenibles", resumió el analista.
El problema resulta aún más grave al examinar la composición real del crecimiento. Según los propios reportes de Zitron para el Financial Times, el 69% del crecimiento interanual del segmento Intelligent Cloud de Microsoft en 2025 provino de OpenAI; sin esa contribución, esa división habría crecido apenas un 8%, apenas por encima de la inflación. Para Zitron, esta situación equivale a "una mentira" que se está vendiendo a los inversores, alimentada por lo que él describe como una "financiación circular" entre las hyperscalers y sus principales clientes de IA.
A esta concentración se suma un dato publicado por The Information: el 89% de los ingresos de las mayores empresas de IA procede exclusivamente de OpenAI y Anthropic. El analista recordó además que OpenAI perdió 20.900 millones de dólares en 2025 y que más de 800 millones de dólares de sus ingresos provienen de un programa de SoftBank llamado "Crystal Intelligence", del que, asegura, no hay evidencia pública de actividad real. SoftBank, precisamente, es uno de los principales accionistas de OpenAI aunque sin asientos en su consejo.
El cuello de botella físico añade otra capa de riesgo. Sightline Climate cifró en aproximadamente 190 GW la capacidad de centros de datos en construcción, lo que, aplicando una eficiencia energética estándar, exigiría más de 1,6 billones de dólares en ingresos anuales para sostener esas infraestructuras. "Con dos clientes no se llega a eso", advirtió Zitron, que también apuntó a los plazos de construcción: entre 12 y 36 meses según el tamaño del proyecto.
En el horizonte aparece un posible punto de inflexión: la salida a bolsa de OpenAI. La compañía tenía previsto debutar en 2025, pero The New York Times informó recientemente de que se baraja retrasar la OPV hasta 2027. Para Zitron, cualquier interrupción en el flujo de capital hacia estas empresas deficitarias podría provocar un efecto dominó en todo el ecosistema. "OpenAI y Anthropic necesitan flujos continuos de capital; no pagan sus facturas con el flujo de caja existente", recordó.
En contraste, desde el lado más optimista del mercado, varios directivos defienden que la concentración actual es lógica: entrenar y servir modelos generativos de frontera exige enormes inversiones en cómputo y datos, por lo que resulta natural que los primeros clientes sean también los mayores. Esa visión sostiene que la demanda se irá diversificando a medida que las empresas integren la IA en sus operaciones y que la infraestructura actual acabará siendo rentabilizada por una base de clientes mucho más amplia.
Por ahora, los gigantes tecnológicos mantienen sus planes de gasto. Microsoft, Amazon y Google han reiterado compromisos récord de inversión en centros de datos y chips, en una apuesta que, según Zitron, está haciendo que los inversores asuman riesgos concentrados sin ser plenamente conscientes de ello. La pregunta que queda en el aire es si la prometida diversificación de la demanda llegará antes de que el dinero se agote.
