Granada registró el sábado 26 de julio un terremoto de magnitud 3,6, precedido y seguido por otros seísmos menores que han recordado el enjambre sísmico de 2021. Ante el temor vecinal, la catedrática de geología de la Universidad de Granada Ana Crespo Blanc aclara que las fallas activas en la provincia son demasiado cortas —menos de un kilómetro— para acumular la energía necesaria y generar un gran terremoto. Los dos grandes seísmos históricos conocidos, el de Arenas del Rey de 1884 (magnitud estimada de 6,2 a 6,5) y el de Albolote de 1956 (magnitud 5), se produjeron en fallas más largas, un escenario mucho menos probable en la actualidad. Además, desde los años 70 Granada aplica la norma sismorresistente española, que limita la altura y las características de los edificios según el riesgo sísmico de cada zona. Crespo Blanc añade un tercer factor: la composición del terreno, ya que los suelos blandos, como los del Zaidín, amplifican las ondas sísmicas, a diferencia de los suelos rocosos del Albaicín. Con todo, la experta descarta que el enjambre actual pueda derivar en un terremoto destructivo.
