Dario Amodei, CEO de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI, han propuesto ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial más potente y establecer evaluadores independientes. Esta iniciativa busca mitigar riesgos de seguridad y competencia geopolítica, especialmente frente a China. Sin embargo, el artículo analiza que aceptar inspectores no equivale a permitir que una autoridad pública decida qué productos se pueden vender o limite el poder de mercado de las empresas. La regulación debe distinguir entre imponer obligaciones a los desarrolladores y controlar cada copia de un modelo en internet. El texto advierte que convertir la supervisión en una barrera de entrada mediante certificaciones complejas podría favorecer a los grandes proveedores centralizados, como OpenAI y Anthropic, mientras desfavore a startups y cooperativas tecnológicas. Además, señala que ignorar a los modelos locales pequeños, como los de la familia Qwen, deja vulnerables a los usuarios frente a ciberataques automatizados. Finalmente, argumenta que un pacto global que excluya a China o a la Unión Europea es insuficiente, ya que la seguridad no debe legitimar un reparto del mercado ni dejar fuera a los actores clave en la cadena de suministro global.
