La startup portuguesa Amble ha salido del modo stealth con el Amble One, un buggy eléctrico legal para circular por carretera que cuesta 25.000 dólares y rinde homenaje, por estética, al Lunar Roving Vehicle de la NASA. Sus fundadores proceden de Audi y Ford, fundaron la marca de bicicletas eléctricas Cowboy y son socios de la agencia creativa Forpeople, con clientes como Nio, Arc'teryx y Herman Miller. El director de diseño, Julian Hoenig, trabajó en el cancelado proyecto del Apple Car, lo que explica el aspecto minimalista del vehículo a pesar de fabricarse en Lisboa.
El Amble One está pensado para trayectos cortos en entornos donde un coche convencional resulta excesivo: caminos costeros, fincas privadas y los accesos entre villas de hotel y la playa. Ofrece más de 95 kilómetros de autonomía, una velocidad máxima limitada a 64 km/h, se carga en cinco horas desde cualquier enchufe doméstico estándar y pesa menos de 450 kilogramos. Esa última cifra es clave: para encuadrarse en la categoría europea L7e y poder circular por vías públicas sin ser tratado como un turismo, el vehículo no puede superar ese peso. Su diseño abierto y sin puertas no es solo una decisión estética inspirada en el Moke eléctrico, sino una necesidad técnica para cumplir el límite de masa.
