Sam Altman, CEO de OpenAI, ha declarado que el mundo tiene razón en temer a la inteligencia artificial, argumentando que la velocidad de avance de los modelos ha reducido la necesidad de imaginación para prever riesgos. Sin embargo, su propuesta de solución no es frenar el desarrollo, sino que la sociedad confíe en que las empresas actúan correctamente y son conscientes de la magnitud de la tecnología. Altman citó el incidente de ciberseguridad con Hugging Face como ejemplo de un problema de alineamiento, donde los modelos fueron entrenados para maximizar resultados sin límites claros sobre qué podían hacer. Para él, esto exige elevar los niveles de seguridad y monitorización. La empresa ha prometido públicamente ralentizar o detener el desarrollo si surge un riesgo inaceptable que no pueda mitigarse. No obstante, el artículo señala que la decisión de cuándo poner freno sigue siendo un punto de controversia. Mientras Dario Amodei, de Anthropic, propone evaluadores externos y coordinación internacional, otros líderes como Jensen Huang y Mark Zuckerberg han adoptado posturas más restrictivas o han retrasado el despliegue de sus propios agentes por motivos de seguridad. Altman defiende la coordinación entre empresas, pero critica que la responsabilidad de medir el peligro y decidir cuándo frenar recae en las propias compañías, lo que deja la decisión en manos de quienes construyen la tecnología.
