Este relato personal explora la experiencia de una mujer rusa que vive en Australia y las dificultades que surgen al intentar que la gente recuerde y pronuncie correctamente su nombre, Alena. La historia comienza con la peculiaridad de su nombre en Rusia, donde está ligado a un cuento popular con una trama inusual (una niña que deja a su hermano, quien se transforma en un cabrito). Aunque en Rusia, el nombre generaba preguntas sobre el paradero del hermano, en Australia el problema se transforma en la constante corrección de la pronunciación, a menudo simplificada a “Alana”.
La autora describe su frustración inicial por esta situación, considerando incluso adoptar un nombre occidentalizado para facilitar las interacciones. Sin embargo, decide mantener su nombre como parte de su identidad, corrigiendo a quienes lo pronuncian incorrectamente. Este desafío se agrava en el contexto de la navegación a vela, donde la necesidad de comunicación rápida y eficiente lleva a la búsqueda de apodos.
La anécdota central de la historia es la adopción no intencionada del apodo “Dave” por parte de su equipo de vela en el barco “Orbit”. Tras una conversación casual sobre la dificultad de recordar su nombre, la sugerencia de llamarla “Dave” se convirtió en una realidad, extendiéndose a otros barcos y hasta a sus amigos que la llaman “Captain Dave”. Aunque inicialmente se sintió molesta, la autora reconoce que el apodo facilita la comunicación durante las regatas y, sorprendentemente, le proporciona una sensación de pertenencia y aceptación dentro del equipo, un sentimiento de ser una parte integral del grupo, más allá de una simple invitada.
La historia culmina con la aceptación ambivalente de “Dave” como un apodo, aunque la autora aún anhela que su nombre original sea respetado. El relato ilustra cómo los apodos, incluso los inesperados, pueden crear lazos de camaradería y pertenencia, y cómo la adaptación cultural a menudo implica compromisos y la adopción de nuevas identidades, incluso si son un poco ridículas. En esencia, la autora reflexiona sobre la importancia de la identidad, la adaptación cultural y el poder de los apodos para construir comunidad, todo ello narrado con humor y autoconciencia.
