Agro Uranga, una empresa ubicada a 40 kilómetros de Rosario, Argentina, ha mantenido la siembra directa como su modelo operativo principal durante casi dos décadas. Esta práctica, que consiste en no arar el suelo y dejar el rastrojo en el campo, se originó en 1857 cuando los fundadores, Ignacio Uranga y Nicolasa Montaner, decidieron abandonar el arado tras observar la erosión acelerada del terreno. El artículo destaca que, aunque la siembra directa es una solución viable para reducir la pérdida de suelo y ahorrar recursos, su adopción masiva ha sido limitada por la necesidad de usar herbicidas químicos para controlar las malas hierbas. La publicación señala que la agricultura de conservación requiere tres pilares: mover el suelo mínimamente, cubrirlo siempre y rotar cultivos, y que la siembra directa sola no garantiza resultados óptimos si se combina con el uso excesivo de químicos. Se menciona que en España, la primera evaluación oficial estimó que esta práctica reduce la erosión en secano a menos de la mitad y ahorra 33,8 millones de litros de gasóleo anuales. El texto concluye que la ventana de oportunidad para implementar estas prácticas de forma sostenible está cerrando debido a la resistencia de las malas hierbas y la falta de alternativas biotecnológicas a tiempo, subrayando la importancia de la integración de los tres pilares de la agricultura de conservación.
