Un ensayo recorre una velada nocturna imaginaria —un sillón, una lámpara, la cocina, el baño— para mostrar cómo cada gesto doméstico descansa sobre innovaciones técnicas que durante siglos fueron imposibles o reservadas a unos pocos. A una frase de Edward Bellamy (1888) sobre el deseo utópico de música ilimitada en cada hogar le siguen otras citas históricas: un testigo de Wabash, Indiana, en 1880, ante el primer encendido íntegramente eléctrico de una ciudad; André Malraux, en 1947, al presentar su Museo imaginario como una colección sin muros gracias a la reproducción fiable de obras; Elizabeth Barrett Browning, en 1843, conmovida por el daguerrotipo como forma de preservar la imagen de un ser querido; el fraile Giordano da Pisa, en 1306, celebrando los anteojos recién descubiertos; y elogios decimonónicos al telégrafo eléctrico y a la imprenta de tipos móviles, que liberó a los libros de las cadenas con que las bibliotecas los aseguraban a los atriles.
El recorrido continúa en la cocina: el agua corriente del Croton neoyorquino de 1842, que puso fin a los pozos contaminados por letrinas y cementerios —tras la epidemia de cólera de 1832, que mató a 3.515 habitantes de Manhattan—; el entusiasmo de Charles Lamb por la piña, fruta tan cara en la Inglaterra del XVIII que algunas anfitrionas la alquilaban por una noche en lugar de comerla; el hielo de los estanques de Nueva Inglaterra transportado hasta la India tropical en 1837; y la especia medieval, cuando una libra de jengibre costaba como un cordero y una de azafrán como un caballo.
Cierra el texto una reflexión sobre avances sanitarios que convirtieron en ordinarias lo que antes eran amenazas: la vacuna de Edward Jenner contra la viruela, que Jefferson celebró en 1806 citando cifras —tres de cada diez infectados morían—; la anestesia con éter demostrada por W. T. G. Morton; y el retrete interior, cuya llegada una granjera de Iowa recordó en 2003 con la sensación de haberse vuelto «la persona más rica del mundo». El conjunto presenta la comodidad actual no como un lujo nuevo, sino como el resultado acumulado de siglos de innovación técnica.
