La Estatua de la Libertad, inaugurada el 28 de octubre de 1886, recibe entre 3,7 y 3,8 millones de visitantes al año, pero su llegada a Estados Unidos sigue siendo desconocida para muchos. La historia comienza en 1865, cuando el jurista francés Édouard de Laboulaye, conmovido por la abolición de la esclavitud, concibió la idea de regalar al pueblo estadounidense un monumento que conmemorase su independencia. El escultor Frédéric Auguste Bartholdi fue el encargado de diseñar la figura de 46,05 metros de altura, cargada de simbolismo: la antorcha, la corona con siete puntas, la placa con la fecha del 4 de julio de 1776, el grillete roto y las cadenas a sus pies. Para resolver los problemas estructurales de la colosal escultura de cobre, Bartholdi contó con la colaboración del ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, que años más tarde diseñaría la Torre Eiffel.
La construcción culminó en Francia en julio de 1884. Para cruzar el Atlántico, la estatua fue desmontada en 350 piezas empaquetadas en 214 cajas. El trayecto comenzó en tren hasta Ruan, prosiguió por el río Sena en barco hasta el puerto de El Havre y culminó el 17 de junio de 1886 en Nueva York, a bordo de la fragata Isère. Tras cuatro meses de ensamblaje sobre su pedestal, el monumento fue inaugurado oficialmente.
